Mudanza con gato: cómo acompañarle en el cambio de casa

Gato observando cajas de mudanza en el salón de casa

En este artículo aprenderás:

Una mudanza con gato se gestiona antes, durante y después del traslado. Los gatos se orientan por el olfato y marcan su casa con feromonas faciales, de modo que cambiar de vivienda no supone para ellos estrenar espacio, sino perder de golpe todas sus referencias de seguridad.

Lo que mejor funciona es acostumbrarle al transportín varias semanas antes, mantenerle apartado del trasiego el día del traslado y darle una sola habitación al llegar, con sus objetos de siempre sin lavar, antes de abrirle el resto de la casa. La adaptación suele llevar entre una y tres semanas, aunque cada gato tiene su ritmo.

No olvidemos que el gato es un animal territorial. Una mudanza es una de las experiencias más estresantes y difíciles para él, por lo que merece la pena planificar bien el proceso para minimizar su estrés.

Antes del día señalado, las cajas llevan dos semanas apiladas en el pasillo, los muebles han cambiado de sitio, entra y sale gente que tu gato no conoce y él lleva días metido debajo de la cama sin salir apenas ni para comer. Y lo más desconcertante de todo es que todavía no os habéis mudado.

Cuando alguien me escribe preocupado por una mudanza, casi siempre me escribe tarde: cuando el gato ya lleva días escondido en la casa nueva. Pero el proceso no empezó el día del camión, sino mucho antes; en cuanto se empezaron a hacer las primeras cajas.

La buena noticia es que una mudanza se puede preparar y reducir muchísimo el estrés de tu gato. Entender cómo lo vive y qué necesita en cada momento cambia por completo la forma de acompañarle. Empezando por algo tan poco llamativo como usar bien el transportín.

Por qué una mudanza afecta tanto a un gato

Gato marcando con feromonas faciales durante una mudanza

El territorio de un gato es un mapa de olores

Los gatos tienen unas glándulas en las mejillas y en el entrecejo que segregan feromonas y, cada vez que se restriegan con un mueble o incluso con tus piernas, las están depositando.

Cuando os mudáis, ese mapa de olores se borra entero. La casa nueva no huele a nada suyo y, para un gato, un espacio sin su olor es un espacio desconocido y nada seguro.

Por eso hay gatos que los primeros días se pasan horas restregándose contra los rodapiés, las paredes, los muebles y las esquinas… No es que estén contentos: están trabajando.

El estrés empieza mucho antes del traslado

Las personas situamos el inicio de la mudanza en el día del camión. Tu gato, no. Para él empezó cuando aparecieron las primeras cajas, se movieron muebles y desaparecieron los sitios donde solía dormir.

Si lleva días escondido y aún no habéis salido de casa, no está anticipando nada: está reaccionando a lo que ya ha cambiado a su alrededor.

No todos los gatos lo viven igual

Un gato joven puede adaptarse en unos días, mientras que uno tímido o que ya arrastraba estrés puede necesitar semanas. La edad también pesa: los gatos mayores suelen afrontar los cambios con mayor dificultad.

Qué puedes hacer las semanas previas

Hay dos cosas que marcan la diferencia y que, curiosamente, casi nadie hace:

Saca el transportín con tiempo

Si tu gato solo lo ve el día que va al veterinario, para él ese objeto significa exactamente eso: miedo. Sácalo semanas antes, déjalo abierto con una manta dentro y cada día coloca un snack dentro. El objetivo es que deje de ser una trampa y pase a ser un lugar agradable para él.

No laves nada

Ni su cama, ni su manta, ni la funda del sofá, ni el cojín donde duerme, ni el arenero… Sé que la tentación de estrenar casa con todo limpio es enorme, pero esos objetos son lo único que va a oler a su territorio anterior. Son su ancla.

Deja una habitación intacta hasta el final

Si puedes, resérvale una estancia que no se toque hasta el último momento, un espacio seguro donde refugiarse mientras el resto de la casa se desmonta a su alrededor.

¿Tu gato ya está mostrando señales de estrés y la mudanza todavía no ha llegado?
Cuéntame tu caso y vemos juntas cómo acompañarle en este cambio.
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El día del traslado

Es el día más caótico y el que más estrés supone para todos los miembros de la familia. Es por ello que resulta vital dar cada paso pensando en reducir el suyo.

Una habitación cerrada y un cartel en la puerta

Ponle desde primera hora en una habitación con su arenero, agua, comida, rascador, escondite y su manta, y deja un cartel bien visible para que nadie la abra por error. El baño suele funcionar bien, porque es la estancia que menos se vacía.

El último en salir y el primero en entrar

Tu gato y sus cosas deben ser lo último que salga de la casa vieja. Trasládale cuando la mudanza ya esté hecha y se hayan marchado los últimos operarios, de esta manera le evitarás el trasiego de muebles. 

Cómo debe ir en el coche

El transportín va sujeto y cubierto con una tela ligera. Y por mucho que te pida salir, no lo abras para tranquilizarle: un gato asustado dentro de un coche se escapa en un segundo. Como recuerda International Cat Care, en los traslados el objetivo no es que viaje cómodo, sino que viaje seguro.

Puedes poner música de fondo para gatos de David Teie o la lista de Spotify que he creado.

La llegada a la casa nueva

Aquí es donde más errores comete la mayoría de tutores y siempre con la mejor intención: abrir el transportín nada más cruzar la puerta para que el gato conozca su nueva casa. Una vivienda entera desconocida y sin un solo olor propio es demasiada información de golpe.

Empieza por una sola habitación

Móntale allí su mundo entero (arenero, comida y agua bien lejos, su cama, su rascador y todo lo que traíais sin lavar) y deja que salga del transportín cuando él quiera. Sin sacarle tú, sin llevarle en brazos. No fuerces el contacto y controla que en los próximos días coma, orine y defeque.

Amplía a su ritmo

A partir de ahí, las habitaciones se irán abriendo de forma gradual, al ritmo que marque él. Cuánto tarda cada gato en estar preparado para el siguiente paso, cómo saber si de verdad lo está y qué hacer cuando el proceso se estanca depende mucho de su carácter y de su historia. Ahí es donde suelo entrar yo.

Habitación base para un gato tras la mudanza con arenero, rascador, cama y comederos

Las señales que conviene no pasar por alto

Que los primeros días se esconda, coma menos o esté más arisco entra dentro de lo esperable, y suele remitir solo a medida que la casa empieza a oler a él. Conviene observar, en cambio, por si aparece alguna de estas señales:

Deja de usar el arenero o empieza a orinar fuera de él.

Aparecen marcajes con orina en paredes, puertas o muebles.

Se lame en exceso, hasta que se le clarea el pelo en alguna zona, o por el contrario deja de asearse.

Maúlla de forma constante, especialmente durante la noche.

Bufa o ataca a otros gatos con los que hasta ahora convivía sin problemas.

Pasadas varias semanas, sigue sin salir de su escondite ni interactuar demasiado con su entorno.

Deja de comer, de orinar o de defecar. Si esto ocurre, contacta rápidamente con el veterinario.

Ninguno de estos comportamientos es un capricho, sino la manera que tiene tu gato de decirte que no ha conseguido reconstruir su seguridad en el nuevo hogar.

Si tienes que mudarte y te preocupa su bienestar, con el pack de sesiones exprés (pagas tres y te regalo la cuarta) te acompaño durante todo el proceso para que sea lo menos estresante posible para él, y tú te sientas tranquila sabiendo qué hacer en cada momento.
Cuéntame tu caso

Conclusión

Mudarse con un gato no consiste en trasladarle de una casa a otra, sino en acompañarle mientras reconstruye el mapa de seguridad que le hemos borrado sin querer. Prepara el transportín con tiempo, no laves sus cosas y dale una sola habitación antes que la casa entera. Y sobre todo, respeta su ritmo, porque la adaptación no se acelera empujando.

Si además de mudaros vais a estrenar convivencia o acabas de adoptar, te ayudará repasar todo lo que necesita antes de llegar a casa.

Si tienes dudas sobre cómo gestionar la mudanza con tu gato, escríbeme. Estoy aquí para acompañaros, personalizando vuestro proceso hasta el último detalle.

Preguntas frecuentes sobre la mudanza con gato

  • ¿Cuánto tarda un gato en adaptarse a una mudanza?

    La mayoría empieza a moverse con normalidad entre la primera y la tercera semana, aunque influyen su carácter, su edad y lo que haya vivido antes. Más que el calendario, mira si come, bebe, usa el arenero y explora sin sobresaltarse.

  • Mi gato no come después de la mudanza, ¿qué hago?

    Que coma menos los primeros días es esperable, porque el estrés le quita el apetito igual que nos lo quita a nosotras. Ofrécele su comida de siempre lejos del arenero y prueba a calentarla un poquito para que huela más. Si deja de comer, no esperes y consulta con el veterinario.

  • Mi gato se esconde y no sale, ¿es normal?

    Sí, y además es lo que necesita hacer. Esconderse es su manera de gestionar un entorno que todavía no controla, y no significa que lo estés haciendo mal. Ofrécele escondites a distintas alturas y no le saques tú: saldrá cuando esté preparado.

  • ¿Cuándo puedo dejarle salir al exterior o a la terraza?

    Cada gato tiene su ritmo, pero es importante que salga únicamente cuando se mueva por toda la casa con soltura y la reconozca como su territorio. Si sale antes de haberse adaptado, podría intentar regresar a su antigua vivienda.

    Si vais a vivir en un piso, conviene instalar redes de protección en ventanas y balcones antes de la mudanza para evitar accidentes. Si os trasladáis a una casa con terreno, lo ideal es acondicionarlo y vallarlo de forma que el gato no pueda salir de la propiedad. Y si eso no es posible y va a tener acceso libre al exterior, no permitas que salga antes de las cuatro primeras semanas.

  • Tengo varios gatos, ¿se pelearán al llegar?

    Puede ocurrir, sobre todo si los separáis durante el traslado. Al perder su olor de grupo, a veces dejan de reconocerse. Si el conflicto no mejora en unos días, hace falta una reintroducción gradual. Es uno de los casos que trabajo con más frecuencia y conviene no dejarlo correr.

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